Siglo XXI y los estereotipos persisten...
(Por Sonia V.Alvarez, 2015) ¿Por qué los hombres mienten y las mujeres lloran?, bajo esta pregunta el libro titulado de la misma manera (Pease & Pease, 2003), intenta responder a la problemática sobre la cual se ha analizado y escrito ampliamente: las diferencias entre mujeres y hombres.
Según los autores, estos contrastes serían los responsables de los innumerables conflictos y desavenencias que tanta frustración y angustia provocan –como ellos consignan – sobre todo a las mujeres.
Que ellas son más sensibles y ellos más prácticos, ellas más frágiles y ellos más determinados, pueden ser simples apreciaciones de las diferencias entre ambos sexos, pero ¿cuánto de lo que se asume como parte de las diferencias biológicas entre hombres y mujeres son tal?, ¿cuánto es “natural”? y ¿cuánto es parte de un intrincado estereotipo que ha sido construido a lo largo de los años?
Según los autores, estos contrastes serían los responsables de los innumerables conflictos y desavenencias que tanta frustración y angustia provocan –como ellos consignan – sobre todo a las mujeres.
Que ellas son más sensibles y ellos más prácticos, ellas más frágiles y ellos más determinados, pueden ser simples apreciaciones de las diferencias entre ambos sexos, pero ¿cuánto de lo que se asume como parte de las diferencias biológicas entre hombres y mujeres son tal?, ¿cuánto es “natural”? y ¿cuánto es parte de un intrincado estereotipo que ha sido construido a lo largo de los años?
Así, ya entrado el siglo XXI y a pesar de los evidentes avances que han tenido las mujeres sobre todo desde el siglo pasado en términos de participación en la vida pública, ejercicio de sus derechos, e igualdad de oportunidades, el progreso en estos ámbitos se ha visto entorpecido por la persistencia de estereotipos tradicionales de género que –aun hoy- intentan imponer una visión de lo que es – o debería ser- el rol de la mujer en la sociedad.
Los efectos de esta visión cobran aún más fuerza cuando los medios de comunicación, sobre todo medios especializados que se dirigen a las mujeres -como las revistas femeninas- reproducen y reafirman estos estereotipos, en que normalmente la imagen de la mujer se ve disminuida, trivializada e incluso invisibilizada en la discusión de los grandes temas de interés de la sociedad.
Si bien, de la imagen de la mujer abnegada, sumisa y dedicada cien por ciento a su hogar, en las últimas décadas se dio paso a una “nueva mujer”, emancipada, marcada por una doble exigencia: el trabajo y la familia, al mirar en detalle los nuevos estereotipos vemos que estos no se han modificado tanto como parecen.
Así, si bien “por un lado se reconoce que la mujer está en el espacio público, por otro, se sostienen roles y visiones tradicionales como la exigencia de la belleza física, el buen vestir, ser madre, buena esposa, cocinera, economista y decoradora” (Güiraldes, 2006).
Confirmando esta visión, en el año 2000, la AUC (Asociación de Usuarios de la Comunicación de España), en un estudio sobre las revistas femeninas, destacó que éstas “ofrecen una imagen de la mujer a la que solo le interesa potenciar su belleza a través de la cosmética y la moda para ser lo más atractiva posible al hombre”(Pérez Á. , 2000)
O sea, a pesar de que el estereotipo de mujer se fue modificando, y con los años fue dando paso a la imagen de una mujer más moderna, liberada, que trabaja fuera de casa, que tiene inquietudes culturales, y que incluso ha alcanzado puestos elevados en su profesión, los estereotipos continúan (Güiraldes, 2006) (Pérez E. , 2002) (Plaza, 2005).
A simple vista, sería un modelo reformado, sin embargo, diversas investigaciones señalan que se trata tan sólo de una versión modernizada del mismo lenguaje que caracteriza al tratamiento habitual que la mujer recibe en los medios.
Tras el nuevo lenguaje, el estereotipo persiste. La mujer sigue estando en el hogar, por eso las innumerables páginas de decoración, cocina y manualidades que destinan estas revistas; sigue en el mundo de las emociones, como lo demuestran las secciones dedicadas a test de personalidad y a temas de relaciones de pareja; siguen siendo coquetas, seductoras, y femeninas, aunque hoy tan exitosas y competitivas como los hombres (Ganzábal, 2007) (Pérez E. , 2002).
El problema –ayer y hoy – son los efectos que estos estereotipos tienen en la sociedad. ¿Qué ocurre, por ejemplo, con aquellas mujeres (niñas, adolescentes y adultas) que se sienten excluidas y que no son capaces de cumplir con los modelos de belleza, independencia y poder económico que hoy les presentan estas revistas?
Extracto del paper: "¿Por qué los hombres mienten y las mujeres lloran?: Persistencia de los estereotipos tradicionales de género en las revistas para mujeres", escrito por Sonia V. Alvarez. Mayo 2015)
Los efectos de esta visión cobran aún más fuerza cuando los medios de comunicación, sobre todo medios especializados que se dirigen a las mujeres -como las revistas femeninas- reproducen y reafirman estos estereotipos, en que normalmente la imagen de la mujer se ve disminuida, trivializada e incluso invisibilizada en la discusión de los grandes temas de interés de la sociedad.
Si bien, de la imagen de la mujer abnegada, sumisa y dedicada cien por ciento a su hogar, en las últimas décadas se dio paso a una “nueva mujer”, emancipada, marcada por una doble exigencia: el trabajo y la familia, al mirar en detalle los nuevos estereotipos vemos que estos no se han modificado tanto como parecen.
Así, si bien “por un lado se reconoce que la mujer está en el espacio público, por otro, se sostienen roles y visiones tradicionales como la exigencia de la belleza física, el buen vestir, ser madre, buena esposa, cocinera, economista y decoradora” (Güiraldes, 2006).
Confirmando esta visión, en el año 2000, la AUC (Asociación de Usuarios de la Comunicación de España), en un estudio sobre las revistas femeninas, destacó que éstas “ofrecen una imagen de la mujer a la que solo le interesa potenciar su belleza a través de la cosmética y la moda para ser lo más atractiva posible al hombre”(Pérez Á. , 2000)
O sea, a pesar de que el estereotipo de mujer se fue modificando, y con los años fue dando paso a la imagen de una mujer más moderna, liberada, que trabaja fuera de casa, que tiene inquietudes culturales, y que incluso ha alcanzado puestos elevados en su profesión, los estereotipos continúan (Güiraldes, 2006) (Pérez E. , 2002) (Plaza, 2005).
A simple vista, sería un modelo reformado, sin embargo, diversas investigaciones señalan que se trata tan sólo de una versión modernizada del mismo lenguaje que caracteriza al tratamiento habitual que la mujer recibe en los medios.
Tras el nuevo lenguaje, el estereotipo persiste. La mujer sigue estando en el hogar, por eso las innumerables páginas de decoración, cocina y manualidades que destinan estas revistas; sigue en el mundo de las emociones, como lo demuestran las secciones dedicadas a test de personalidad y a temas de relaciones de pareja; siguen siendo coquetas, seductoras, y femeninas, aunque hoy tan exitosas y competitivas como los hombres (Ganzábal, 2007) (Pérez E. , 2002).
Extracto del paper: "¿Por qué los hombres mienten y las mujeres lloran?: Persistencia de los estereotipos tradicionales de género en las revistas para mujeres", escrito por Sonia V. Alvarez. Mayo 2015)



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