Una fuente de esperanza

Ad portas de que una mujer asuma un nuevo período presidencial en nuestro país y en medio de una discusión pública respecto a la igualdad de oportunidades y derechos de las mujeres en nuestra sociedad, la película "La fuente de las mujeres" (Francia, 2011) nos viene a recordar que aun hoy existe un mundo que está muy distante de nuestra realidad, en el que ni siquiera el derecho a la salud y a la vida gozan de muchas garantías.

Situada en alguna aldea remota en el norte de África u Oriente medio (no se explicita dónde), la película narra la historia de las mujeres de una desértica localidad, quienes por exigencias de la tradición cultural/religiosa existente, están obligadas a buscar el agua, primordial para la vida, a la única fuente del pueblo, que está emplazada en lo alto de una montaña.


La labor no solo es extenuante, sino que además reviste una serie de peligros para las mujeres, entre ellos accidentes que han provocado la pérdida de bebés que aun se encontraban en el vientre de sus madres.

Hastiada de esta situación, una joven, Leila, decide proponer al resto de las mujeres una medida de presión para que los hombres se hagan cargo de esta tarea, la que denominaron como: "huelga del amor", es decir, nada de sexo hasta que ellos colaboren con el traslado del agua.

Es allí donde elementos como la tradición, la cultura, la religión, la autoridad y el amor, sobre todo el amor, se entremezclan, dando vida a una historia que a veces dulce e ingenua, nos muestra la crudeza de sociedades en que el rol de la mujer ha sido llevado a una mínima expresión.

Incluso una metáfora refleja esto en la película. En medio de la huelga llega un periodista a la aldea a hacer una nota sobre insectos. Las mujeres intentan convencerlo de que haga una nota sobre la huelga para que las ayude en su propósito, pero él se niega, afirmando que a sus lectores les interesa mucho más la vida de los insectos que los reclamos de un grupo de mujeres.

La figura del insecto y los argumentos de los hombres al defender su postura (que las mujeres están locas, que se han visto afectadas por sus hormonas, etc) muestran cómo más allá de la geografía, aun queda un largo camino por el equilibrio entre hombres y mujeres.

La demanda no se encasilla solo en machismos y feminismos y va más allá de una mera lucha por igualdad a toda costa, si no que apunta a una complementariedad de los roles, un equilibrio armonioso en que las mujeres puedan seguir siendo mujere,s compartiendo las tareas, los deberes y derechos con sus pares hombres.

Sea el traslado del agua o un cupo en el congreso, la lucha que por cientos de años han dado las mujeres de todo el mundo, es hoy también la lucha personal y diaria por mantener ese equilibrio, por no llegar a una huelga o a una guerra con el otro, sino que aportar, cada uno desde su individualidad, a la construcción de un mundo mejor para todos.



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